Page 118 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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que ya podía regresar a su parroquia, pero que
                   pensaba reestructurar toda la comarca. Al cabo
                   de poco tiempo recibió la notificación de su
                   traslado a Viscos.
                            Captó el mensaje inmediatamente: envidia.
                   Pero había hecho la promesa de servir a Dios en
                   cualquier parte, y se encaminó a Viscos lleno de
                   humildad y fervor; era un nuevo desafío que debía
                   superar.
                            Pasó un año. Y otro. Al cabo de cinco años,
                   aún no había conseguido atraer a más fieles a la
                   iglesia, por mucho que se esforzara; en el pueblo
                   gobernaba un fantasma del pasado, un tal Ahab, y
                   nada de lo que él dijera tenía más importancia que
                   las leyendas que circulaban por allí.
                            Pasaron diez años. Al final del décimo año
                   se percató de su error: había transformado en
                   arrogancia su búsqueda de la sabiduría. Estaba tan
                   convencido de la justicia divina, que no había
                   sabido equilibrarla con el arte de la diplomacia.
                   Creía vivir en un mundo en donde Dios está en
                   todas partes y descubrió que se encontraba entre
                   personas que a menudo no Lo dejaban entrar.
                            Al cabo de quince años comprendió que nunca
                   saldría de allí: el antiguo obispo era ya un
                   importante cardenal, trabajaba en el Vaticano,
                   tenía grandes posibilidades de ser elegido Papa, y
                   ,jamás permitiría que un sacerdote de pueblo
                   hiciera correr la voz de que lo había exiliado por
                   envidia y celos.
                            Por aquel entonces, ya se había contagiado
                   de la absoluta falta de estímulo; nadie puede
                   resistir la indiferencia durante tantos años.
                   Pensó que, si hubiera colgado los hábitos en el
                   momento oportuno, podría haber sido mucho más útil
                   a Dios; pero había pospuesto la decisión
                   indefinidamente, creyendo que su situación
                   cambiaría; y ahora ya era tarde, no tenía ningún
                   tipo de contacto con el mundo.
                            Una noche, pasados veinte años, se despertó
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