Page 121 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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en ello. Te explicaré mi plan y tú te encargarás
                   de hacerlo público.
                   -Pensándolo bien, si el plan es suyo, es más
                   justo y más honesto dejar que usted lo comparta
                   con todos.
                   "El miedo, siempre el miedo -pensó el sacerdote-.
                   Para dominar a un hombre, basta con meterle miedo
                   en el cuerpo."


                            Las dos señoras llegaron a casa de Berta poco
                   antes de las nueve, y la encontraron haciendo
                   ganchillo en la salita de estar.
                   -El pueblo está distinto, esta noche -dijo la
                   anciana-. Hay mucha gente por la calle, he oído
                   mucho ruido de pasos: el bar es demasiado pequeño
                   para tanto movimiento.
                   -Son los hombres -respondió la dueña del
                   hotel-. Se dirigen a la plaza, para discutir lo
                   que debemos hacer con el extranjero.
                   -Ya entiendo. Pero no creo que haya mucho que
                   discutir: o aceptan su propuesta o dejan que se
                   vaya dentro de dos días.
                   -¡Jamás aceptaríamos su propuesta! -replicó la
                   mujer del alcalde, indignada.
                   -¿Por qué? Me han dicho que esta mañana el cura
                   ha leído un magnífico sermón en el que decía que
                   el sacrificio de un hombre salvó a la humanidad, y
                   que Dios aceptó una apuesta del Demonio y castigó
                   a su servidor más fiel. ¿Qué tiene de malo que los
                   habitantes de Viscos consideren la propuesta del
                   extranjero como, por así decirlo, un negocio?
                   -¡¿No estarás hablando en serio?!
                   -Claro que estoy hablando en serio. Son ustedes
                   las que intentan engañarme.
                            Las dos mujeres pensaron en levantarse e
                   irse; pero era demasiado arriesgado.
                   -Por cierto, ¿a qué debo el honor de su visita?
                   Esto es nuevo para mí.
                   -Hace un par de días, la señorita Prym nos dijo
                   que había oído aullar al lobo maldito.
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