Page 120 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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trataba de una mera coincidencia.
                            Pero cuando la señorita Prym les habló de la
                   propuesta, comprendió que Dios había escuchado su
                   plegaria.
                            El Mal debía manifestarse para que el Bien
                   pudiera, finalmente, conmover el corazón de
                   aquella gente. Por primera vez desde que había
                   llegado a aquella parroquia, había visto su
                   iglesia llena a rebosar. Por primera vez,
                   las fuerzas vivas del pueblo habían entrado en
                   la sacristía.
                   "Es necesario que el Mal se manifieste para que
                   comprendan el valor del Bien." A aquellas personas
                   les pasaría lo mismo que al traidor de la Biblia,
                   quien, poco después de haber consumado su
                   traición, se percató del alcance de su acto:
                   estaba convencido de que todos se arrepentirían de
                   tal manera que sólo encontrarían refugio en la
                   Iglesia y Viscos se convertiría -después de tantos
                   años- en un pueblo religioso.
                            Le correspondió a él hacer el papel de
                   instrumento del Mal; éste era el gesto de más
                   profunda humildad que podía ofrendar a Dios.


                            El alcalde llegó, tal como habían quedado.
                   -Quiero saber lo que debo decir, señor cura.
                   -Deja que sea yo quien hable en la asamblea -le
                   respondió.
                            El alcalde dudó; al fin y al cabo, él era la
                   mayor autoridad en Viscos, y no le gustaría que un
                   extraño tratara públicamente sobre un tema de
                   tanta importancia. Aunque el sacerdote llevara
                   veinte años viviendo en Viscos, no había nacido
                   allí, y no conocía todas las historias locales;
                   por sus venas no corría la sangre de Ahab.
                   -Creo que, tratándose de un asunto de tanta
                   gravedad, es preferible que sea yo quien hable con
                   el pueblo -dijo.
                   -De acuerdo. Mejor así, porque podría salir
                   mal, y no quiero que la Iglesia se vea implicada
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