Page 125 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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abuela de la señorita Prym. El primer impulso de
Berta habían sido los celos: ¿qué hacía con
aquella mujer? Pero en seguida había notado la
preocupación reflejada en sus ojos y se desesperó
aún más cuando le contaron lo que habían oído en
la sacristía.
Los dos le pidieron que huyera inmediatamente.
-¿Bromean? -respondió Berta-. ¿Cómo voy a huir?
Si mis piernas a duras penas me llevan hasta la
iglesia, que está a cien metros de aquí, ¿cómo voy
a bajar por la cuesta? ¡Solucionen el problema
allá arriba, por favor! ¡Protéjanme! ¡Que se note
que me paso el día rezando a todos los santos!
La situación era más complicada de lo que
creía Berta, le contaron que el Bien y el Mal estaban
en pleno combate y nadie podía interferir en él.
Ángeles y demonios estaban librando una de sus
periódicas batallas, en que salvan o condenan
territorios enteros durante un período de tiempo
indefinido.
-¿Y a mí, qué? Yo no sé cómo defenderme, ésta
no es mi lucha, yo no he pedido entrar en ella.
Nadie lo había pedido. Todo había empezado
con un error de cálculo de un ángel de la guarda, dos
años atrás. En un secuestro, había dos mujeres con
las horas contadas, pero una niña de tres años
debía salvarse. Esa niña, dijeron, terminaría por
consolar a su padre y conseguiría que mantuviera
su esperanza en la vida y superara el tremendo
sufrimiento a que sería sometido. Era un hombre de
bien y, a pesar de que tendría que pasar por
momentos terribles (nadie sabía la razón, eso
formaba parte de un plan de Dios que no les habían
contado del todo) acabaría por recuperarse. La
niña crecería con el estigma de la tragedia pero,
después de los veinte años, utilizaría la
experiencia de su sufrimiento para aliviar el
dolor ajeno. Terminaría por llevar a cabo un
trabajo tan importante que sería conocido en las
cuatro esquinas del mundo.

