Page 130 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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responsabilidad, y la dueña del hotel lo convenció
para que trajera los lingotes hasta aquí. Sólo
actuaremos si nos ofrece esta garantía.
Entonces, el alcalde tomó la palabra e hizo
una gran disertación sobre las mejoras que pensaba
llevar a cabo en el pueblo, las reformas, el
parque infantil, la reducción de los impuestos, y
la distribución de la riqueza recién adquirida.
-¡A partes iguales! -vociferó alguien.
Había llegado el momento de asumir un
compromiso que detestaba; pero todos los ojos se
fijaron en él, y parecían haberse desvelado de
repente.
-A partes iguales -confirmó el sacerdote antes
de que el alcalde tuviera tiempo de reaccionar. No
existía ninguna otra alternativa: o todos
participaban con la misma responsabilidad y la
misma recompensa o, en breve, alguien terminaría
por denunciar el crimen, por envidia o venganza.
El sacerdote conocía bien esas dos palabras.
-¿Quién va a morir?
El alcalde explicó la manera equitativa con
que habían elegido a Berta; sufría mucho por la
pérdida de su marido, era vieja, no tenía amigos,
parecía loca, sentada de la mañana a la noche a la
puerta de su casa y, además, no colaboraba en la
prosperidad de la aldea. En vez de invertir su
dinero en ovejas o tierras, lo había ingresado a
largo plazo en un banco muy lejos de allí; los
únicos que se beneficiaban de él eran los
comerciantes que, al igual que el repartidor del
pan, aparecían todas las semanas en el pueblo para
vender sus productos.
Ninguna voz se manifestó en contra de la
elección. El alcalde se alegró de ello, porque
habían aceptado su autoridad; el sacerdote, en
cambio, sabía que aquello podía ser una buena o
una mala señal, el silencio no siempre significa
un "sí"; generalmente, sólo demuestra la
incapacidad de las personas para reaccionar de

