Page 127 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Berta intentó calmarlos, porque estaban muy
nerviosos; pero, al fin y al cabo, ellos ya
estaban muertos, era ella quien debía estar
preocupada. ¿Acaso no podían ayudar a Chantal a
cambiarlo todo?
"El demonio de Chantal también está ganando
la batalla", le respondieron. Cuando ella fue al
bosque, su abuela le había enviado el lobo
maldito, que, por cierto, sí existía, el herrero
decía la verdad. Quiso despertar la bondad del
hombre y lo había conseguido. Pero, aparentemente,
el diálogo entre los dos no siguió adelante; ambos
tenían una personalidad muy fuerte. Sólo quedaba
una oportunidad: que la chica hubiera visto lo que
ellos deseaban que viera. Mejor dicho: sabían que
lo había visto, lo que querían era que lo
entendiese.
-¿El qué?
No se lo podían revelar; el contacto con los
vivos tenía un límite, había demonios prestando
atención a lo que decían, y podían estropearlo
todo si se enteraban del plan con antelación. Pero
le garantizaron que se trataba de algo muy
sencillo, y si Chantal era despabilada -tal como
aseguraba su abuela- sabría controlar la
situación.
Berta aceptó la respuesta; no pensaba exigir
una indiscreción que podía costarle la vida, y se
volvió hacia su marido.
-Me dijiste que me quedara aquí, sentada en
esta silla, a lo largo de todos estos años,
vigilando el pueblo, porque podía entrar el Mal.
Eso fue mucho antes de que el error del ángel
causara la muerte de la niña. ¿Por qué me lo
pediste?
Su marido respondió que, de una manera o de
otra, el Mal pasaría por Viscos, puesto que suele
hacer una ronda por la Tierra, y le gusta atrapar
a los hombres desprevenidos.
-No me convences.

