Page 128 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Tampoco su marido estaba muy convencido de
                   ello, pero era cierto. Tal vez el duelo entre el
                   Bien y el Mal se libre en el corazón de cada
                   hombre, el campo de batalla de ángeles y demonios;
                   que luchen palmo a palmo para ganar terreno por
                   muchos milenios, hasta que una de las dos fuerzas
                   destruya por completo a la otra. Además, a pesar
                   de que ya se encontraba en el plano espiritual,
                   aún había muchas cosas que desconocía, muchas más
                   de las que ignoraba en la Tierra.
                   -Ya estoy algo más convencida. Tómenlo con
                   calma; si muero, será porque habrá llegado mi
                   hora.
                            Berta no dijo que se sentía celosa y que le
                   gustaría reunirse con su marido; la abuela de
                   Chantal había sido una de las mujeres más deseadas
                   de Viscos.
                            Los dos se marcharon alegando que debían hacer
                   entender a la chica lo que había visto. Los celos
                   de Berta aumentaron, pero intentó tranquilizarse,
                   aunque pensaba que su marido quería que viviese
                   más tiempo para poder disfrutar, sin ser
                   molestado, de la compañía de la abuela de la
                   señorita Prym.
                            ¡Quién sabe! Quizás al día siguiente
                   terminaría con esa independencia que él creía
                   tener. Berta reflexionó un poco y cambió de idea:
                   el pobre hombre merecía unos años de descanso, no
                   le costaba nada dejarle pensar que era libre de
                   hacer lo que le viniera en gana, puesto que tenía
                   la certeza de que la echaba mucho de menos.
                            Viendo a las dos mujeres que estaban en la
                   calle, pensó que no estaría nada mal seguir un
                   cierto tiempo en aquel valle, contemplando las
                   montañas, presenciando los eternos conflictos
                   entre hombres y mujeres, los árboles y el viento,
                   los ángeles y los demonios. Empezó a sentir miedo
                   y procuró pensar en otra cosa; tal vez mañana
                   utilizaría un ovillo de lana de otro color, porque
                   el mantel le estaba quedando algo soso.
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