Page 129 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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Antes de que la asamblea de la plaza terminara,
                   ella ya estaba durmiendo, convencida de que la
                   señorita Prym terminaría por entender el mensaje,
                   aunque no tuviera el don de comunicarse con los
                   espíritus.


                   -En la iglesia, en suelo sagrado, les hablé de
                   la necesidad del sacrificio -dijo el sacerdote-.
                   Aquí, en suelo profano, les pido que estén
                   dispuestos al martirio.
                            La plazoleta, con su iluminación deficiente
                   -sólo había un farol, a pesar de que el alcalde
                   había prometido instalar más durante la campaña
                   electoral- estaba repleta. Campesinos y pastores,
                   con ojos soñolientos, puesto que suelen acostarse
                   y levantarse con el sol, guardaban un silencio
                   respetuoso y asustado. El sacerdote había colocado
                   una silla junto a la cruz y se había subido a
                   ella, de manera que todos pudieran verlo.
                   -Durante siglos, la Iglesia ha sido acusada de
                   luchas injustas, pero, en realidad, no hemos hecho
                   otra cosa que sobrevivir a las amenazas.
                   -¡No hemos venido aquí para escuchar historias
                   de la Iglesia, señor cura! -gritó una voz.
                   -No es necesario que les explique que sobre
                   Viscos pesa la amenaza de desaparecer del mapa, y
                   junto con Viscos, desaparecerán ustedes, sus
                   tierras y sus rebaños. Les aseguro que no he
                   venido aquí para hablar de la Iglesia, pero sí
                   debo decirles una cosa: sólo con el sacrificio y
                   la penitencia podremos llegar a la salvación. Y
                   antes de que me interrumpan de nuevo añadiré que
                   me refiero al sacrificio de una persona, de la
                   penitencia de todos, y de la salvación del pueblo.
                   -¡Quizás todo sea una mentira! -exclamó otra
                   voz.
                   -El extranjero nos enseñará el oro mañana sin
                   falta -dijo el alcalde, contento por aportar una
                   información de la que el cura no estaba enterado-.
                   La señorita Prym no quiere cargar sola con la
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