Page 132 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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mañana por la mañana dejarán esas armas cargadas
                   con un solo cartucho en la sacristía. Y le pido al
                   alcalde, que tiene más de una escopeta, que traiga
                   una para mí.
                   -Nunca dejamos nuestras armas a los extraños
                   -gritó un guía de caza-. Son sagradas,
                   caprichosas, personales. No pueden ser utilizadas
                   por otras personas.
                   -¡Déjenme terminar, por favor! Les explicaré
                   cómo funciona un pelotón de fusilamiento: se
                   convoca a siete soldados para disparar contra el
                   condenado a muerte. Se entregan siete fusiles a
                   los soldados: seis que están cargados con balas de
                   verdad y uno que contiene un cartucho sin
                   munición. La pólvora explota de la misma manera,
                   el ruido es idéntico, pero de ahí dentro no saldrá
                   plomo disparado en dirección al cuerpo de la
                   víctima.
                            »Ningún soldado sabe cuál es el rifle que
                   contiene el cartucho de fogueo. Así, cada uno cree
                   que es el suyo, y que son sus compañeros los
                   responsables por la muerte de aquel hombre o de
                   aquella mujer que no conocen, pero a quien se han
                   visto obligados a ejecutar porque se trata de un
                   deber que conlleva su oficio.
                   -Todos se consideran inocentes -dijo el
                   terrateniente, que hasta entonces se había
                   mantenido en silencio.
                   -Exacto. Mañana, yo haré lo mismo: retiraré el
                   plomo de 87 cartuchos, y dejaré las otras
                   escopetas cargadas. Todas las armas sonarán al
                   mismo tiempo y nadie sabrá cuáles tenían un
                   proyectil dentro; de esta manera, todos se podrán
                   considerar inocentes.


                            Por más cansados que estuvieran, la idea
                   del sacerdote fue acogida con un suspiro de alivio.
                   Una energía diferente se desparramó por la plaza
                   como si, de un momento a otro, toda aquella
                   historia hubiera perdido su cariz trágico y se
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