Page 131 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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inmediato. Pero si alguien no estaba de acuerdo,
                   después se torturaría por lo que había aceptado
                   sin desearlo y las consecuencias podían ser muy
                   graves.
                   -Necesito que todos estén de acuerdo -dijo el
                   sacerdote-. Necesito que digan en voz alta si
                   están de acuerdo o no, para que Dios los pueda oír
                   y sepa que tiene hombres valientes en Su ejército.
                   A los que no creen en Dios, también les pido que
                   digan en voz alta si están de acuerdo o no, de
                   manera que todos sepamos lo que piensa cada uno.
                            Al alcalde no le gustó nada que el sacerdote
                   empleara la forma "necesito", ya que, lo correcto
                   habría sido decir "necesitamos" o "el alcalde
                   necesita." Cuando aquel asunto hubiera terminado,
                   recuperaría su autoridad fuera como fuese. Ahora,
                   como buen político, dejaría que el sacerdote
                   hablara y se pusiera en evidencia.
                   -Deben estar todos de acuerdo.
                            El primer "sí" partió del herrero. El alcalde,
                   para demostrar su valor, también manifestó su
                   acuerdo en voz alta. Poco a poco, todos los
                   presentes en la plaza fueron diciendo en voz alta
                   que estaban de acuerdo, hasta que todos asumieron
                   el compromiso. Unos estaban de acuerdo porque
                   querían que la asamblea se acabara de una vez para
                   poder volver a casa; otros pensaban en el oro y en
                   la manera más rápida de abandonar el pueblo con la
                   riqueza recién adquirida; otros pensaban enviar
                   dinero a sus hijos, para que no pasaran vergüenza
                   delante de sus amigos de la gran ciudad;
                   prácticamente, ninguno de los hombres allí
                   reunidos creía que Viscos podía recuperar la
                   gloria perdida, sólo deseaban una riqueza que
                   siempre habían merecido y jamás habían tenido.
                            Nadie dijo que no.
                   -En este pueblo hay 108 mujeres y 178 hombres
                   -continuó diciendo el sacerdote-. Cada habitante
                   tiene, por lo menos, un arma, ya que la tradición
                   manda que todos aprendan a cazar. Pues bien,
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