Page 33 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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tiempo, desean que todo siga igual. Chantal no
                   entendía el porqué, pero era lo que le estaba
                   sucediendo.
                            Quizás ya estaba demasiado ligada a Viscos,
                   acostumbrada a su derrota, y cualquier oportunidad
                   de triunfar le resultaba un fardo demasiado
                   pesado.
                            Tuvo la certeza de que el extranjero ya estaba
                   harto de su silencio y de que, en breve, tal vez
                   esa misma tarde, elegiría a otra persona. Pero era
                   demasiado cobarde para modificar su destino.
                            Las manos que habían tocado el oro deberían
                   sujetar la escoba, la esponja, el trapo. Chantal
                   dio la espalda al tesoro y se dirigió al pueblo,
                   donde ya la esperaba la dueña del hotel, con
                   aspecto de estar ligeramente enfadada, puesto que
                   le había prometido hacer la limpieza antes de que
                   se levantara el único huésped del hotel.


                            Los temores de Chantal no se confirmaron: el
                   extranjero no se marchó. Esa misma noche lo vio en
                   el bar, más simpático que nunca, contando
                   historias que tal vez no eran totalmente ciertas
                   pero, al menos en su imaginación, aquel hombre las
                   vivía intensamente. De nuevo, sus miradas sólo se
                   cruzaron de manera impersonal, cuando le pagó la
                   ronda que había ofrecido a los habituales.
                            Chantal estaba exhausta. Deseaba que todos se
                   marcharan temprano, pero el extranjero estaba
                   particularmente inspirado y no terminaba de contar
                   anécdotas que los demás escuchaban con atención,
                   interés y aquel odioso respeto -mejor dicho:
                   sumisión- que los campesinos sienten delante de
                   todos los que llegan de las grandes ciudades,
                   puesto que los consideran más cultos,
                   inteligentes, preparados, modernos...
                            "¡Estúpidos! -pensaba-. No son conscientes de
                   su importancia. No se dan cuenta de que cada vez
                   que alguien se mete un tenedor en la boca, en
                   cualquier lugar del mundo, sólo puede hacerlo
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