Page 36 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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de que eso sólo había tenido lugar en Viscos antes
                   de que Ahab pacificara la comarca; ahora, cada día
                   era igual al anterior, y nada más.


                            Exhausta, trabajando como un autómata, Chantal
                   sabía que era la única que pensaba de una manera
                   diferente, porque ella había sentido cómo la
                   seductora y pesada mano del Mal le acariciaba el
                   rostro. "El Bien y el Mal tienen el mismo rostro,
                   todo depende de la época en que se cruzan en el
                   camino de cada ser humano." Bonitas palabras, tal
                   vez ciertas, pero lo que ella necesitaba era
                   dormir, nada más.
                            Se equivocó al dar un cambio a un cliente, algo
                   que le sucedía en contadas ocasiones; pidió
                   disculpas, pero no se culpó a sí misma. Aguantó
                   impasible y digna hasta que el cura y el alcalde
                   -normalmente los últimos en salir- abandonaron el
                   local. Cerró la caja, cogió sus cosas, se puso su
                   abrigo, grueso y barato, y se fue a casa, tal como
                   venía haciendo desde hacía tantos años.


                            En la tercera noche se encontró con la
                   presencia del Mal. Y el Mal apareció bajo la
                   apariencia de un gran cansancio y una fiebre
                   altísima, que la dejó en un estado de
                   semiinconsciencia pero incapaz de dormir; además,
                   fuera había un lobo que aullaba sin cesar. Por
                   unos instantes, tuvo la certeza de que estaba
                   delirando, porque le pareció que el animal había
                   entrado en su cuarto y le hablaba en una lengua
                   extraña que ella no entendía. En un breve instante
                   de lucidez, intentó levantarse e ir a la iglesia,
                   pedir al cura que llamase a un médico porque
                   estaba enferma, muy enferma; pero cuando intentó
                   transformar en acción su gesto, las piernas le
                   flaquearon, y tuvo la certeza de que no podría
                   caminar.
                            Y si caminaba, no conseguiría llegar hasta la
                   iglesia.
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