Page 54 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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dirección a mí y apretar el gatillo. Cada cartucho
                   está compuesto de varios perdigones de plomo que,
                   al salir del cañón, se expanden en forma de cono.
                   Sirve para matar pájaros y seres humanos. Incluso
                   puedes mirar hacia otro lado, si no quieres ver mi
                   cuerpo despedazado.
                            El hombre introdujo su dedo en el gatillo,
                   apuntó en dirección a ella y, para su sorpresa,
                   Chantal vio que sujetaba la escopeta
                   correctamente, como un profesional. Estuvieron así
                   largo rato, ella sabía que un simple resbalón, o
                   el susto provocado por un animal que apareciera
                   inesperadamente, podía hacer que el dedo se
                   moviera y el arma se disparase. En aquel momento
                   se dio cuenta de lo infantil de su gesto al
                   desafiar a alguien sólo por el placer de
                   provocarlo, afirmando que no era capaz de hacer lo
                   que pedía a los demás.
                            El extranjero seguía apuntando con la escopeta,
                   sus ojos no parpadeaban, sus manos no temblaban.
                   Ya era tarde, quizás porque estaba convencido de
                   que, en el fondo, no era tan mala idea terminar
                   con la vida de la chica que lo había desafiado.
                   Chantal se dispuso a pedirle que la perdonase,
                   pero el extranjero bajó el arma antes de que ella
                   pudiera decir nada.
                   -Casi puedo tocar tu miedo -le dijo al devolver
                   la escopeta a Chantal-. Siento el olor del sudor
                   que resbala por tu piel, aunque la lluvia lo
                   disimule; y oigo los latidos de tu corazón, que
                   casi se te sale por la boca, aunque los árboles
                   agitados por el viento hagan un ruido infernal.
                   -Esta noche haré lo que me pediste -dijo
                   Chantal, fingiendo que no escuchaba las verdades
                   que acababa de decirle-. A fin de cuentas, viniste
                   a Viscos para saber más cosas de tu propia
                   naturaleza, para saber si eres bueno o malo. Pues
                   acabo de demostrarte una cosa: que a pesar de todo
                   lo que yo pueda haber sentido, podrías haber
                   apretado el gatillo y, sin embargo, no lo has
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