Page 92 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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haría con cualquier otro lobo que apareciera solo:
                   demasiado arriesgado. Más le valía creer que todas
                   las leyendas tienen siempre una verdad escondida.
                            "Castigo."
                            Un castigo injusto, como todo lo que le había
                   sucedido en la vida. Parecía como si Dios la
                   hubiera elegido para demostrar su odio por el
                   mundo.
                            Instintivamente, puso la rama en el suelo y,
                   en un movimiento que le pareció eterno por lo lento,
                   se protegió el cuello con los brazos; no podía
                   dejar que el lobo se lo mordiera. Lamentó no
                   llevar puestos los pantalones de cuero; el segundo
                   lugar de más riesgo sería la pierna, por donde
                   circula una vena que, una vez rota, la dejaría sin
                   sangre -en diez minutos; o al menos eso era lo que
                   decían los cazadores para justificar sus botas
                   altas.
                            El lobo abrió la boca y gruñó. Un gruñido
                   sordo, peligroso, de quien no amenaza sino que
                   ataca. Ella mantuvo la mirada fija en sus ojos,
                   aunque el corazón se le salía por la boca, porque
                   ya le estaba enseñando los dientes.
                            Todo era cuestión de tiempo; o la atacaba o
                   se iba, pero Chantal sabía que atacaría. Estudió el
                   terreno, buscó alguna piedra suelta que pudiera
                   hacerla resbalar, pero no vio ninguna. Decidió
                   salir al encuentro del animal; la mordería,
                   correría con el lobo agarrado a su cuerpo hasta el
                   árbol. Debería ignorar el dolor.
                            Pensó en el oro. Pensó que en breve volvería
                   a buscarlo. Alimentó todas las esperanzas posibles,
                   cualquier cosa que le diera ánimos para
                   enfrentarse a la carne desgarrada por colmillos
                   afilados, el hueso visible, la posibilidad de caer
                   y ser mordida en el cuello.
                            Y se preparó para correr.
                            En ese instante, como en una película, vio
                   que alguien aparecía por detrás del lobo, aunque
                   estaba a una distancia considerable.
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