Page 91 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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pantalones de cuero. Abrigo..."
Ya se encontraba delante de la roca en forma de
Y. Junto a ella estaba la rama que había utilizado
para cavar la tierra dos días antes. Saboreó por
un instante el gesto que la transformaría de
persona honrada en ladrona.
Nada de eso. El extranjero la había provocado,
y recibiría su merecido. No estaba robando, sino
cobrando su salario por desempeñar el papel de
portavoz de aquella comedia de mal gusto. Se
merecía aquel oro -y mucho más- por haber visto
las miradas de asesinos sin crimen alrededor de la
furgoneta, por haber vivido allí toda su vida, por
las tres noches sin dormir, por su alma que ahora
estaba perdida, si es que existe el alma y la
perdición.
Cavó la tierra que ya estaba blanda y vio el
lingote. Al verlo, también oyó un ruido.
La habían seguido. Automáticamente, echó un
puñado de tierra en el agujero, consciente de que
se trataba de un gesto inútil. Después, se volvió,
dispuesta a contar que estaba buscando el tesoro
en ese sendero porque sabía que el extranjero iba
a pasear por allí y que hoy había notado que la
tierra estaba removida.
Pero lo que vio la dejó sin habla, porque
no le interesaban los tesoros, los pueblos
decadentes, la justicia, ni la injusticia: sólo
la sangre. La mancha blanca en la oreja izquierda.
El lobo maldito.
Se encontraba entre ella y el árbol más
próximo; era imposible pasar por delante del lobo.
Chantal permaneció completamente inmóvil,
hipnotizada por los ojos azules del animal; su
cabeza trabajaba a un ritmo frenético pensando
cuál debía ser su siguiente paso. La rama:
demasiado débil para contener la embestida del
lobo; subir a la roca en forma de Y: demasiado
baja; no creer la leyenda y asustarlo, tal como

