Page 93 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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El animal también olisqueó la otra presencia,
pero no movió la cabeza, y ella mantuvo la mirada
fija. Parecía que era precisamente la fuerza de
sus ojos lo que evitaba el ataque, y no deseaba
correr ningún riesgo; si había alguien más, las
posibilidades de sobrevivir aumentaban, a pesar de
que eso le costaría, finalmente, su lingote de
oro.
La presencia de detrás del lobo se inclinó
silenciosamente y después caminó hacia la
izquierda. Chantal sabía que allí había otro
árbol, por el que era fácil trepar. En ese
momento, una piedra cruzó el aire cayendo cerca
del animal. El lobo se giró con una agilidad nunca
vista, y salió disparado en dirección a la
amenaza.
-¡Huye! -gritó el extranjero.
Ella corrió en dirección al único refugio
que tenía a su alcance mientras el hombre se
encaramaba al otro árbol, con una agilidad poco
corriente. Cuando el lobo maldito llegó cerca de
él, ya estaba en lugar seguro.
El lobo empezó a gruñir y a saltar, a veces
conseguía subir hasta la mitad del tronco, pero
resbalaba inmediatamente.
-¡Arranca unas ramas! -gritó Chantal.
Pero el extranjero parecía estar en una
especie de trance. Ella se lo repitió dos o tres
veces, hasta que entendió lo que le decía. El
hombre empezó a arrancar ramas y a tirarlas en
dirección al lobo.
-¡No hagas eso! ¡Arranca las ramas, júntalas y
enciéndelas! ¡Yo no tengo encendedor, haz lo que
te mando!
Su voz tenía el tono desesperado de quien se
encuentra en una situación límite: el extranjero
juntó las ramas pero tardó una eternidad en
encender el fuego; la tormenta del día anterior lo
había dejado todo húmedo, y el sol no calentaba
allí en esa época del año.

