Page 94 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 94
Chantal esperó a que las llamas de la
improvisada antorcha tomaran fuerza suficiente.
Ella hubiera querido dejarlo allí durante todo el
día para que se enfrentara al miedo que él quería
imponer al mundo, pero tenía que salir y por ello
se veía obligada a ayudarlo.
-Ahora demuestra que eres un hombre -gritó-.
Baja del árbol, sujeta con fuerza la antorcha,
y mantén el fuego en dirección al lobo.
El extranjero estaba paralizado.
-¡Date prisa! -gritó ella, y el hombre, al oír
su voz, captó toda la autoridad que se escondía
detrás de sus palabras, una autoridad que provenía
del terror, de la capacidad de reaccionar
rápidamente, dejando el miedo y el sufrimiento
para más tarde.
Bajó con la antorcha en las manos, ignorando
las chispas que, alguna que otra vez, quemaban su
rostro. Vio de cerca los dientes y la espuma que
salía de la boca del animal, su miedo aumentaba,
pero era necesario hacer algo, algo que debería
haber hecho cuando su mujer y sus hijas fueron
secuestradas y asesinadas.
-¡No desvíes la mirada de los ojos del lobo!-oyó
decir a la chica.
La obedeció. Todo se hacía más fácil por
momentos, ya no contemplaba las armas del enemigo,
sino el enemigo que tenía dentro de sí mismo.
Estaban en igualdad de condiciones, ambos eran
capaces de provocar terror, el uno al otro.
Puso los pies en el suelo. El lobo retrocedió,
asustado por el fuego: seguía gruñendo y saltando,
pero no se le acercaba.
-¡Atácalo!
El hombre avanzó en dirección al animal, que
gruñó con más fuerza que nunca y le enseñó los
dientes, pero retrocedió aún más.
-¡Persíguelo! ¡Aléjalo de aquí!
Las llamas habían crecido y el extranjero se

