Page 32 - La Frontera de Cristal
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Carlos Fuentes                                                                                                                    La Frontera de Cristal


               —De todos modos se lo vamos a cobrar. —Cóbrenlo pero no me lo pongan con la carne. —Me
            van a despedir si no pongo la papa asada. Es el reglamento.

               —Está  bien,  ponla  al  lado.  contigo,  —De todos modos se la iban a cobrar. El plato cuesta
            $22.90 con o sin papa.

               —Está bien.

               —George, sabes un poquito de todo pero no sabes nada importante.

               —Sé cuando un negocio es malo y conduce al fracaso, Nathan. No puedes negar que eso sí
            sé..

               —Pues yo no sé nada, pero soy un hombre educado.

               —Hechos, hechos, Nathan.

               —¿Me estás oyendo? –te oigo, con paciencia.

               —No sé por qué seguimos hablando tú y yo. —Una ensalada de lechuga. —¿Al final?

               —Sí, muchacho, la ensalada se toma al final.

               —¿Es usted extranjero?

               —Sí, soy un extranjero rarísimo con manías rarísimas como tomar la ensalada al final.

               —En América la tomamos al principio. Es lo normal.

               —¿Me estás oyendo George?

               —Dame hechos, Nathan.

               —¿Sabes que el monto anual de ingresos de la industria editorial americana equivale al monto
            anual de ingresos de la industria de salchichas? ¿Sabías eso?

                —¿De dónde lo sacaste?— ¿Es para insultarme? —¿De cuándo acá eres editor de libros?

               —No, soy fabricante de salchichas y tú lo sabes, Nathan. ¿Me estás oyendo?

               —Y el pie de merengue y limón. Es todo. —¿Quieres apostar?

               —¿Me estás oyendo? —Dame pruebas.

               —No sabes nada.

               —No sé por qué seguimos comiendo juntos...

               —Apuesta.

               —Apuesto. ¿Hay gravedad en la luna?

               —Hechos, hechos.

               —Te dije que ese negocio iba al fracaso seguro... Estás quebrado George.

               Al llamado George se le escapó un sollozo ronco, tumultuoso, que nada tenía que ver con su
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