Page 34 - La Frontera de Cristal
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Carlos Fuentes La Frontera de Cristal
—O entusiastas —rumió la flaca—. No tolero el entusiasmo en el amor. Le roba toda
sinceridad. Pero tampoco tolero la sinceridad. Sólo soporto a los hombres que me mienten. Es el
único misterio del amor, la mentira.
Bostezó y dijo que deberían aplazar su encuentro sexual.
—¿Por qué?
—Porque a mí sólo me importa el sexo para luego borrar todo vestigio del compañero sexual.
Es muy fatigoso todo esto.
Dionisio extendió la mano para tocar la de la flaca. Ella la retiró con repugnancia y soltó una
risa de cabaret.
—¿Cómo te comportas en privado, cuando nadie te ve? —le preguntó el mexicano y ella le
enseñó los colmillos, tomó una cucharada de cocacola y desapareció.
Había desaparecido, también, el cóctel de camarones. Por un instante, Dionisio se preguntó si
había comido al mismo tiempo que platicaba con la anoréxica neoyorquina (tenía que ser
neoyorquina, era demasiado fatal, vulgar, previsible que fuese californiana, por lo menos en
Nueva York la ironía, la aburrición y el cansancio tienen bases literarias, no son un producto del
clima) o si, creyendo comer un cóctel de camarones, se había comido a la gringa que tan
premeditadamente había evitado mirarlo a los ojos, ¿para no ser descubierta, adivinada siquiera?
No aguantó la curiosidad de saber si comía con ellas, se las comía, o si todo podía desembocar
— tembló de placer— en un mutuo sacrificio culinario...
Se escuchó el disparo del charro, el mesero le puso enfrente la sopa vychisoisse y frente a él,
comiendo lo mismo, apareció una mujer cuarentona, pero obvia y ávidamente enamorada de su
niñez, pues a su vestido de Laura Ashley de estampados añadía un moño rojo coronando sus
bucles de Shirley Temple. Todos estos singulares aditamentos no lograban distraer a Dionisio del
repertorio de muecas faciales que acompañaban las palabras y el ruidoso sorbeo de la sopa, por
parte de esta sucedánea antigua de Shirley, que entre sorbo y sorbo y entre mueca y mueca, sólo
lograba manifestar excitación y asombro, qué excitante estar sentada comiendo con él, qué
asombroso conocer a un hombre tan romántico, tan sofisticado, tan tan tan extranjero, sólo los
extranjeros la excitaban, le parecía increíble que un extranjero se fijara en ella, ella que sólo vivía
de sueños, soñando con romances imposibles, asombrosos, excitantes, soñándose toda la vida
en brazos de Ronald Colman, Clark Gable, Rodolfo Valentino...
—¿Nunca sueñas con Mel Gibson?
—¿Quién?
—¿Tom Cruise?
—Who he?
No, no tenía quejas de la vida —continuó con una serie de muecas, pelando los ojos, agitando
los bucles como un trapeador de lujo, levantando las cejas hasta la altura del moño, meneando la
cabeza como una muñeca de porcelana, pero luego silbando como una culebra, cacareando
como una gallina, aullando como una loba antes de confesarle que al dormirse recitaba canciones
de cuna y versos de Mamá Ganso, pero que por su mente (todo era asombroso, excitante,
inaudito) pasaban horribles catástrofes, desastres aéreos, marítimos, carnicerías en las
carreteras, actos de terrorismo, cuerpos mutilados, ella cantaba canciones de cuna y versos
bonitos para exorcizar los desastres, ¿él la entendía, un caballero obviamente extranjero,
excitante, sofisticado, wonderful, wonderful, wonderful...?
Diciendo la palabra "maravilloso" esta Alicia en el País de los Desencantos se esfumó, rubia y
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