Page 98 - Marciano Vete A Casa - Fredric Brown
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–Creo que será mejor que le dejemos solo... Y... –recogió


          uno de los billetes de cinco dólares– me parece que pode‐


          mos llevarnos nuestro dinero.


            Se quedó con uno de los billetes y entregó los restantes a



          los otros. Todos se marcharon en silencio, algunos cami‐


          nando de puntillas.


            Todos excepto Deveraux y Gresham.


            –Quedémonos... –había dicho Gresham–. Puede necesitar


          ayuda.


            Y Forbes había asentido en silencio.


            Una vez solos, levantaron la cabeza de Forbes y lo pusie‐


          ron recto en la silla. Tenía los ojos abiertos, pero vacíos de


          expresión.



            –Shock psíquico –dijo Gresham–. Es posible que se reco‐


          bre  y  no  le  pase  nada.  Pero...  –Su  voz  se  hizo  dudosa–.


          ¿Cree que debemos hacer que venga alguien con la camisa


          de fuerza?


            Luke estaba examinando la mano herida de Forbes.


            –Está rota... –dijo–. Al menos necesita que le curen eso.


          Telefoneemos a un médico. Si no se ha recobrado hasta en‐



          tonces, que el doctor cargue con la responsabilidad de que


          vengan y se lo lleven.


            –Buena idea. Pero quizá no sea necesario telefonear. Hay


          un  médico  en  este  mismo  edificio.  Me  fijé  en  su  placa


          cuando venía hacia aquí, y la luz estaba encendida. Quizá


          tiene visita de noche o ha estado trabajando hasta tarde.












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