Page 55 - Portico - Frederik Pohl
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El  ruido  del  Infierno  no  facilitaba  la  conversación,

            pero le dije que había oído un lanzamiento.


               ‐ Sí ‐ repuso, levantando la copa ‐. Espero que tengan

            buen viaje ‐. Llevaba seis brazaletes de metal Heechee,

            de  un  azul  luminoso,  apenas  más  gruesos  que  un


            alambre. Tintinearon suavemente cuando bebió media

            copa.


               ‐ ¿Son lo que me imagino? ‐ pregunté ‐. ¿Uno por cada

            expedición?

               Apuró su copa.


               ‐ Eso es. Ahora me voy a bailar.

               Le seguí con la mirada mientras se apresuraba hacia

            una mujer vestida con un luminoso sari de color rosa.


            No era muy hablador, desde luego.

               Por  otro  lado,  con  aquel  ruido  no  se  podía  hablar

            mucho.  Tampoco  se  podía  bailar.  El  Infierno  Azul


            estaba en el centro de Pórtico y era parte de la caverna

            en forma de huso. La G rotacional era tan baja que no


            pesábamos  más  de  dos  kilos;  si  alguien  hubiese

            intentado  bailar  un  vals  o  una  polca,  habría  salido

            volando por los aires, así que bailaban sin tocarse, al


            estilo de los muchachos de catorce años en las fiestas

            escolares, que de este modo no tienen que mirar a su


            pareja  de  catorce  años  desde  un  ángulo  demasiado

            próximo.










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