Page 102 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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postura  que  no  puede  ser  cómoda,  con  la  espalda


           recta  como  una  flecha.  La  gravedad  debe  de  estar


           martirizándola, pero antes muerta que dar muestras


           de ello.



           —No  se  trata  de  ningún  intento  de  fuga  —le


           aseguro—. Te debo una. Además, me resulta todo tan


           familiar;  estamos  donde  se  supone  que  debemos


           estar.  Pero  no  sé  cuál  es  el  siguiente  paso.  No  he


           encontrado  nada  acerca  de  eso  del  Thibermesnil,


           aunque tampoco me extraña; este sitio está sepultado


           bajo  capas  y  más  capas  de  secretos.  —Dejo  que  mi


           sonrisa  se  ensanche—.  Apuesto  a  que,  en  alguna


           parte, mi antiguo yo se lo está pasando en grande con


           esto. En serio, no me extrañaría que fuera mil veces


           más listo que cualquiera de nosotros.



           —A tu antiguo yo —dice— lo capturaron.




           —Touché.  —Introduzco  un  poco  del  Tiempo  que


           contiene mi Reloj provisional (una diminuta esfera de


           plata  sobre  la  correa  transparente  que  me  ciñe  la


           muñeca;  la  manilla,  tan  fina  como  un  cabello,  se


           desplaza  un  milímetro)  en  la  fabricadora  que  hay


           junto al banco. Ésta, a su vez, escupe un par de gafas


           de sol. Se las ofrezco a Mieli—. Toma. Pruébatelas.



           —¿Para qué?



           —Para que no se te note tanto esa cara de Gulliver.


           Los planetas y tú no congeniáis.





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