Page 99 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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salvo en las ágoras: aquí, mostrarse a la vista de todos
sin artificios es obligatorio. Instintivamente, la gente
se comporta de otro modo al pasar de la avenida al
ágora: las espaldas se enderezan, y es como si todo el
mundo caminara con exagerado cuidado mientras
reparte saludos a diestro y siniestro con cabeceos
sucintos. Lo que aquí acontezca lo recordarán todos,
y todos podrán acceder a ello. En estos reductos de
debate público y plural se puede intentar influir en la
Voz, el sistema de democracia electrónica de la
Oubliette. También los criptoarquitectos disfrutan de
sus ventajas: una fuente de información de dominio
público con la que contribuir a la evolución de la
ciudad…
¿Cómo sé todo esto? Quizá lo haya sacado de la
pequeña exomemoria que acompañaba a la
ciudadanía temporal, o del Reloj que nos ha
comprado Mieli. Pero no: en ningún caso se produjo
por mi parte el menor teleparpadeo, un esfuerzo
consciente por extraer información del banco de datos
colectivo de la Oubliette. Eso significa que alguna vez
debí de ser ciudadano de la Oubliette, al menos
durante una temporada. También significa que debía
de poseer un Reloj: lo que aquí es sinónimo de tener
una exomemoria, un repositorio para los
pensamientos y los sueños, donde lo conservan a uno
mientras salta entre los estados de Noble y
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