Page 105 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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lugar, intentaría que nuestro chico se esforzara un poco más
a cambio de su libertad.
Mieli exhala un suspiro. No era eso lo que quería
escuchar, dice.
Por ahora, lo único positivo es la luz solar artificial,
procedente de la brillante cabeza de alfiler prendida
en el firmamento que antes era Fobos. Al menos
recuperaré el bronceado venusiano enseguida.
—Para que no se te note tanto esa cara de Gulliver —
repite el ladrón.
Sobreviene a Mieli un inesperado ataque de
desorientación: una abrumadora sensación de déjà vu
late en sus sienes. Al diablo con el enlace biotópico, esa
pellegrini conseguirá que me vuelva loca. En su koto, en
Oort, vivía en una cueva de hielo con otras dos
docenas de personas, un cometa hueco cuyo espacio
habitable apenas era mayor que el de Perhonen. Sin
embargo, no tenía ni punto de comparación con esta
sempiterna consciencia de los pensamientos y las
acciones ajenas a través de un cordón umbilical
cuántico. Aunque consigue filtrar la mayor parte, de
vez en cuando es inevitable que se cuelen algunas
sensaciones e ideas.
Sacude la cabeza.
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