Page 97 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—No hemos venido a hacer turismo.



           —En  realidad,  sí.  Aquí,  en  alguna  parte,  hay  otro


           recuerdo  asociativo,  y  necesito  encontrarlo.  —Le


           guiño un ojo—. Es posible que me lleve un buen rato,


           así que procura no quedarte rezagada.



           Al  menos  la  memoria  muscular  ha  regresado,  de


           modo que adopto el paso largo de los altos marcianos


           que nos rodean, deslizándome como John Carter, y


           pongo distancia entre nosotros.




           Las modas han cambiado en mi ausencia. Ahora son


           menos  las  personas  que  prefieren  vestir  los


           tradicionales  camisas  y  pantalones  blancos  sin


           distintivos,  basados  en  el  antiguo  uniforme


           revolucionario.  En  su  lugar,  se  ven  volantes,


           sombreros  y  vaporosos  vestidos  de  la  Corona,


           mezclados con abstractas creaciones zoku de materia


           inteligente,  más  geometría  que  atuendo.  Aquí


           prácticamente  nadie  se  oculta  bajo  la  pantalla  de


           intimidad integral del gevulot. Esto es la Avenida: es


           de esperar que uno se pavonee.



           Lo que se mantiene invariable, como es lógico, son los


           Relojes: de todas las formas y colores, de pulsera o


           integrados  en  hebillas  de  cinturón,  gargantillas  y


           sortijas. Todos ellos miden el Tiempo, Tiempo Noble,


           tiempo como ser humano: tiempo que sólo se puede










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