Page 103 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Mieli frunce el ceño pero accede a ponérselas, muy


           despacio. Las gafas realzan su cicatriz.



           —¿Sabes? —dice—, al principio pensaba mantenerte


           en suspensión a bordo de Perhonen, venir aquí para


           recabar información sensorial e introducirla después


           en tu cerebro hasta que todos tus recuerdos salieran a


           flote.  Tienes  razón.  No  me  gusta  este  sitio.  Es


           demasiado  ruidoso,  demasiado  vasto,  demasiado


           todo. —Se reclina en el banco, extiende los brazos y


           recoge las piernas hasta adoptar la posición del loto—


           . Al menos aquí el sol desprende calor.



           Es  entonces  cuando me  fijo  en el niño  descalzo,  de


           unos cinco años de edad, que está haciéndome señas


           con la mano desde el otro lado del ágora. Y me suena


           su cara.




           ¿Sabes? Cuando todo esto termine, lo mataré, le dice Mieli


           a Perhonen, sin dejar de sonreír al ladrón.



           ¿No vas a torturarlo antes?, responde la nave. Te estás


           ablandando.



           La  órbita  de  Perhonen  es  demasiado  elevada,  y  el


           enlace  de  neutrinos  —escrupulosamente  escondido


           de  los  paranoicos  husmeadores  de  tecnología  de  la


           Oubliette— que las conecta posibilita a duras penas


           que mantengan una simple conversación.













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