Page 107 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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gevulot la aceptó sin rechistar. Estaba hablando con un


           recuerdo.



           La  oleada  de  aborrecimiento  hacia  sí  misma  que


           embarga  a  Mieli  en  esos  momentos,  repentina  y


           afilada, reaviva el recuerdo de una infección de coral


           inteligente  que  padeció  de  pequeña,  cuando  sus


           dientes  se  erizaron  de  púas  lacerantes  que


           presionaban dolorosamente contra las encías. Antes


           de que Karhu la sanara con su canción, no conseguía


           dejar  de  palpar  las  protuberancias  con  la  lengua.


           Devuelve aquella sensación a su jaula y se concentra


           en el enlace biotópico.



           Recurrir al metacórtex sin alertar a los husmeadores


           es  complicado,  de  modo  que  procura  ceñirse


           exclusivamente  a  la  parte  de  su  cerebro  que  está


           ligada a la del ladrón. Es como intentar restablecer la


           conexión con una extremidad amputada. Cierra los


           ojos y se concentra.




           —Señora, apiadaos de mí —la interrumpe una voz,


           ronca y entrecortada.



           Ante ella ha aparecido un hombre desnudo, con las


           partes íntimas censuradas por un pudoroso borrón de


           gevulot gris. De su piel pálida no asoma ni un solo


           cabello,  y  tiene  los  ojos  ribeteados  de  rojo,  como  si


           hubiera estado llorando. Lo único que lleva puesto es


           un Reloj, una gruesa correa metálica con un disco de






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