Page 110 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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no lo protege dentro del ágora. Mieli aparta el brazo
extendido, empleando para ello mera fuerza humana
en vez de arrancárselo de cuajo. A pesar de todo, el
hombre profiere un gritito atiplado y se desploma en
el suelo, a sus pies, gimiendo sin dejar de aferrarse a
sus ropas. De repente Mieli está segura de que son el
blanco de todas las miradas, aunque en apariencia
nadie esté haciéndoles caso.
—De acuerdo —claudica, y levanta el Reloj, un
modelo cristalino que eligió porque parecía una joya
oortiana—. Diez minutos. Tardaría más en librarme
de ti. —Da una orden mental al mecanismo, y la
manilla dorada se desplaza una fracción. El mendigo
se incorpora de un salto, relamiéndose.
—Que el fantasma del Rey os bendiga, señora —
dice—. El forastero no mentía cuando me aseguró que
seríais generosa.
—¿Qué forastero? —pregunta Mieli, aunque ya
conoce la respuesta.
—El de las gafas tintadas de azul, que el Rey lo
bendiga, y a vos. —Una sonrisa de oreja a oreja le
ilumina las facciones—. Una advertencia, tan sólo —
añade con gesto profesional—. Yo que vos me largaría
de esta ágora sin perder tiempo. —Alrededor de
Mieli, todo el mundo, salvo los turistas, ha
comenzado a marcharse—. La sangre, el agua…
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