Page 111 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
P. 111
Seguro que sabréis entenderlo. —Dicho lo cual se
aleja corriendo, aún en pelota picada, transportado
fuera del ágora por sus piernas escuchimizadas.
Voy a torturar al ladrón, dice Mieli. ¿Sangre y agua? ¿A
qué se refería con eso?
En la Tierra, responde Perhonen, vivía un tipo de pez
denominado «tiburón». Creo que los mendigos de Tiempo
vigilan los informes de exomemoria públicos, como los de
las ágoras, donde no existe la intimidad, así que quizá
hayan visto cómo dabas Tiempo a…
El clamor de una carga de pies descalzos inunda el
ágora de repente, y Mieli se encuentra cara a cara con
un ejército de pordioseros.
Persigo al muchacho entre el gentío de la Avenida. Se
mantiene frente a mí, surcando el bosque de piernas
con facilidad, sus pies descalzos un borrón, como la
aguja de una fabricadora. Aparto a la gente a codazos,
gritando disculpas, dejando una estela de furiosos
borrones de gevulot grises a mi paso.
Casi lo alcanzo en una parada de aracnotaxis, donde
la Avenida se divide en un centenar de callejones
distintos que se adentran en el Laberinto. Se queda
plantado ante las máquinas zancudas, ornamentados
carruajes sin caballos con patas de bronce recogidas
bajo ellas mientras esperan a sus pasajeros,
contemplándolas fascinado.
111

