Page 113 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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cuidadora mirando por encima del hombro. Detecto
un atisbo de él desvaneciéndose callejón abajo, en
dirección al Laberinto. Mascullo una maldición y sigo
corriendo.
El Laberinto es donde colisionan las plataformas y los
componentes más grandes de la ciudad, dejando
espacio entre medias para cientos de piezas de puzle
más pequeñas que se mueven sin cesar, formando
ocasionales colinas y callejuelas tortuosas que pueden
cambiar de dirección lentamente mientras uno las
transita, con tanta sutileza que la única forma de darse
cuenta es ver cómo se mueve el horizonte. No existen
mapas de la zona, tan sólo luciérnagas guía que los
turistas más temerarios siguen de un sitio a otro.
Bajo corriendo por una pendiente de adoquines,
empinada y abrupta, alargando mis zancadas. Correr
en Marte es un arte que nunca he aprendido a
dominar correctamente, y cuando la calle brinca bajo
mis pies, aterrizo en mala postura tras un salto
particularmente alto y resbalo varios metros hacia
abajo.
—¿Estás bien? —Hay una mujer asomada a un balcón
sobre mi cabeza, apoyada en la barandilla, aferrada a
un periódico.
—Estoy bien —gimoteo, más que seguro de que el
cuerpo de la Sobornost que me dio Mieli no va a
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