Page 62 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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interconectadas de la ciudad, se desplaza montado en


           una  plataforma  robótica  ambulante.  Por  los


           exuberantes céspedes se distribuyen altas y gráciles


           casas de campo de la era de la Corona que los jóvenes


           sobrados  de  Tiempo  de  la  Oubliette  se  dedican  a


           restaurar e incorporar a la ciudad. Isidore nunca ha


           comprendido el afán de dilapidar el Tiempo en bienes


           y  servicios  materiales  que  sienten  algunos  de  sus


           coetáneos,  consumiendo  sus  vidas  de  Nobles  en


           efímera opulencia antes de afrontar la larga y ardua


           labor  del  Letargo.  Sobre  todo  cuando  hay  tantos


           misterios por resolver.



           Aunque el parque sea un espacio abierto, no se trata


           de  un  ágora,  y  mientras  recorren  los  senderos  de


           arena se cruzan con varias personas parapetadas tras


           sus  gevulots;  su  niebla  de  intimidad  resplandece


           como el rocío de la mañana en los verdes prados que


           los rodean.



           Deseoso  de  quedarse  a  solas  con  sus  pensamientos


           durante  unos  instantes,  Isidore  aprieta  el  paso  y


           repliega las manos en las mangas de la gabardina para


           resguardarlas  del  frío:  merced  a  sus  largas  piernas,


           está acostumbrado a mantener la distancia entre él y


           los demás. Pero el Caballero permanece a su lado sin


           esfuerzo aparente.













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