Page 63 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Te aburres, ¿verdad? El qupt de Pixil es brusco. Junto


           con su voz, le transmite una maraña de sensaciones:


           el sabor a café exprés, el peculiar olor aséptico de la


           colonia zoku.



           Isidore masajea el anillo de entrelazamiento que luce


           en el índice de la mano derecha: un aro de plata con


           una  diminuta  piedra  azul,  con  línea  directa  a  su


           cerebro. Todavía no se ha acostumbrado a la forma de


           quptar de los zokus. El envío de mensajes directos de


           un cerebro a otro mediante un canal de teletransporte


           cuántico  se  le  antoja  un  método  de  comunicación


           sucio e invasivo comparado con la comemoria de la


           Oubliette. Ésta es mucho más sutil: los mensajes se


           incrustan en la exomemoria del receptor, por lo que la


           información se «recuerda» en vez de recibirse. Pero,


           como ocurre siempre cuando de Pixil y su gente se


           trata, es cuestión de compromisos.



           No me lo puedo creer. Tu amiguito tzaddik chasquea


           los  dedos  y  me  abandonas,  preparándome  para


           acudir a la fiesta, solita. Y encima ahora te aburres.




           No  me  estoy  aburriendo,  protesta,  demasiado


           rápido,  y  se  da  cuenta  de  que  es  la  respuesta


           equivocada.



           Me alegro. Porque no volverás a saber de mí como


           no llegues a tiempo. El qupt llega con una ineluctable


           sensación erótica de tela suave sobre la piel, como una






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