Page 67 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El  establecimiento,  iluminado  con  generosidad,


           consiste  en  un  espacio  angosto  con  un  largo


           mostrador  de  cristal  a  la  izquierda  y  estanterías  de


           exposición a la derecha. En el aire flota una dulce y


           agradable  fragancia  a  chocolate  y  caramelo,  la


           antítesis del tufo a cuero sin curtir de la fábrica. Bajo


           el  mostrador  relucen  pralinés  moldeados,  como


           insectos  de  brillantes  caparazones.  Los  artículos


           destacados  están  a  la  derecha,  ornamentadas


           esculturas  de  chocolate.  Hay  un  ala  de  mariposa


           recurvada tan alta como una persona, con un rostro


           femenino grabado, y lo que parece ser una máscara


           mortuoria cuya delgadez se diría imposible, hecha de


           un chocolate del color de la terracota.



           Por un momento, Isidore se queda prendado de un


           par  de  zapatos  rojos  con  ondulantes  cintas  de


           chocolate. Los archiva por si pudieran servirle en el


           futuro:  el  actual  estado  de  ánimo  de  Pixil  podría


           requerir alguna ofrenda por su parte.



           —¿Busca  algo  especial?  —pregunta  una  voz  que  le


           suena de la exomemoria. Siv Lindström. Parece más


           cansada que en el recuerdo, hay arrugas en sus bellas


           facciones. Pero el uniforme azul de trabajo se ve liso,


           y lleva el cabello arreglado con esmero. Sus Relojes


           intercambian un breve estallido de gevulot comercial


           estándar, lo justo para indicarle a la dependiente que









                                                                                                              67
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