Page 66 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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mundos acuden a admirar la Oubliette. Los
restaurantes y las cafeterías comienzan a abrir sus
puertas, encendiendo las estufas para convertir el frío
aire marciano en algo más del gusto de los clientes
más madrugadores. A su alrededor se arraciman los
biodrones verdes y morados, extendiendo las patas
larguiruchas para entrar en calor.
El Caballero se detiene delante de un estrecho
escaparate, donde se exhiben varios objetos notables:
una esfera del tamaño de un balón de fútbol que
parece una maqueta a escala del Deimos de la era de
la Corona, salpicada de virutas de caramelo
multicolor, y una intrincada lámpara colgada del
techo, ambas de chocolate. Pero lo que atrae la
atención de Isidore es el voluminoso objeto que hay
junto a ellas. Se trata de un vestido: un modelo sobrio,
de cuello alto, con una faja en el talle y una falda
vaporosa, todo ello congelado en una instantánea de
chocolate ondulante.
El tzaddik abre la puerta, y suena una campanilla de
bronce.
—Ya hemos llegado. Como diría nuestra encantadora
amiga: comienza la partida. Andaré cerca: pero dejaré
que lleves tú la conversación. —Se desvanece de la
vista, de repente, como un espectro al pálido sol de la
mañana.
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