Page 69 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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parece fluir, cuán vividos son los colores. Tal vez me
equivoque. Pero entonces siente cómo fluctúa el
gevulot de la mujer, tan sólo un poquito. O tal vez no.
—Bueno —dice la dependiente, con el mismo tono—.
Esto es sin duda algo muy especial. Se inspira en el
vestido de una Noble de la Corte Olímpica,
confeccionado con chocolate al estilo de Trudelle:
tuvimos que cambiar la mezcla en cuatro ocasiones.
Seiscientos constituyentes aromáticos, y hay que
saber combinarlos. El chocolate es voluble, no admite
despistes.
—Qué interesante —dice Isidore, intentando imitar la
actitud de un joven sobrado de Tiempo que ya lo ha
visto todo. Saca la lupa y estudia el dobladillo del
vestido. La forma ondulante se transforma en una
celosía cristalina de azúcares y moléculas. Profundiza
en sus recientes recuerdos sobre el chocolate. Pero el
gevulot de la tienda interfiere en ese momento, al
detectar una invasión de la intimidad no autorizada,
y la imagen se torna borrosa.
—¿Qué hace? —pregunta Lindström, mirándolo
fijamente, como si lo estuviese viendo por primera
vez.
Isidore frunce el ceño sin dejar de contemplar la
estática.
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