Page 77 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Créeme, al final será la dependienta.



           —Ya lo veremos.



           —Como  prefieras.  Mis  hermanos  acaban  de


           comunicarme otra pista. Se han detectado trazas de


           actividad  vasilev  en  los  alrededores.  Voy  a


           investigarlo. —Dicho lo cual, el tzaddik se esfuma de


           nuevo.




           La  exomemoria  guía  a  Isidore  hasta  el  hogar  del


           chocolatero. Se encuentra en uno de los altos edificios


           blancos  que  se  asoman  al  Filo,  ante  una  vista


           inigualable del vasto desierto de la cuenca de Hellas,


           salpicada de vegetación. Isidore desciende por una de


           las escaleras que conectan las fachadas expuestas al


           exterior  con  una  puerta  verde.  Le  sobreviene  un


           vértigo pasajero al atisbar las patas de la ciudad entre


           las nubes de polvo que se elevan al fondo, a sus pies.



           Aguarda  un  instante  frente  a  la  puerta  del


           apartamento. La abre una mujer menuda de origen


           chino, vestida con una bata. Posee un rostro carente


           de distintivos que no permite intuir su edad, y una


           larga cabellera sedosa.



           —¿Sí?



           Isidore le tiende la mano.



           —Me  llamo  Isidore  Beautrelet  —dice,  abriendo  el


           gevulot para permitir que confirme su identidad—.







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