Page 81 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Operan así, mamá. Los piratas. Ingeniería social.
Recaban partes de tu gevulot para descifrarte la
mente.
—¿Por qué iban a quererlo precisamente a él? No
tenía nada de especial. Sabía hacer chocolate, eso es
todo. A mí ni siquiera me gusta.
—Creo que su marido, con su mente especializada,
era exactamente la clase de persona que podría
suscitar el interés de los piratas de gógoles —dice
Isidore—. El apetito de la Sobornost por los modelos
de aprendizaje profundo es insaciable, y su mayor
obsesión son las modalidades sensoriales humanas,
sobre todo el gusto y el olfato.
Se asegura de incluir a Élodie en el gevulot de la
conversación.
—Y su chocolate es especial, de eso no cabe la menor
duda. La dependiente de su establecimiento tuvo la
amabilidad de permitirme probar una muestra
cuando visité la tienda: recién hecho, una viruta del
vestido que había llegado de la fábrica esta misma
mañana. Absolutamente increíble.
La repugnancia transforma el rostro de Élodie en una
máscara, como un eco de la muerte del chocolatero.
Acto seguido se desvanece tras la turbulencia de una
pantalla de intimidad integral, da un salto y sube
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