Page 83 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Se aleja silbando sin poder evitarlo: ya tiene la forma


           completa del misterio. La acaricia con un dedo en su


           mente,  y  emite  un  sonido  diáfano,  como  una  copa


           medio llena de vino.



           Isidore pide risotto con calamares para almorzar en un


           pequeño restaurante al borde del parque. La tinta deja


           unas manchas interesantes en la servilleta cuando se


           limpia los labios. Se queda sentado y contempla a la


           gente que pasea por el parque durante la siguiente


           media hora, escribiendo en su libreta como un poseso,


           plasmando  sus  observaciones  por  escrito.  A


           continuación  se  levanta  y  regresa  a  la  fábrica  de


           chocolate para activar su trampa.



           Los  biodrones  le  franquean  el  paso.  En  algún


           momento, los Resurrectores han venido para retirar el


           cadáver. Su perfil y la mancha de chocolate perduran


           aún  en  el  suelo,  aunque  disimulados  ahora  por  la


           niebla  de  intimidad,  como  la  muda  de  piel  de  una


           serpiente  hecha  de  luz.  Isidore  se  acomoda  en  un


           rincón,  en  una  silla  metálica  destartalada,  y  se


           dispone a esperar. El sonido de las máquinas resulta


           curiosamente reconfortante.




           —Sé  que  estás  aquí,  ¿sabes?  —dice,  después  de  un


           momento.















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