Page 87 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Ah  —dice  Isidore—.  Tentáculos  de  transferencia.


           Me preguntaba dónde estarían.



           Élodie  camina  hacia  él  con  pasos  sincopados.  Las


           puntas de los tentáculos relucen. Por un momento, a


           Isidore  se  le  ocurre  que  podría  llegar  a  la  fiesta


           bastante más tarde de lo que esperaba.



           —No deberías haber hecho esto en un sitio privado —


           dice  la  muchacha—.  Deberías  haberle  pedido  a  tu


           tzaddik  que  te  acompañara.  Los  amigos  de  Seb


           también pagarán por ti. Quizá incluso más que por él.




           Los  filamentos  de  transferencia  se  extienden  de


           repente,  como  latigazos  de  luz,  hacia  el  rostro  de


           Isidore. Siente una decena de alfilerazos en el cráneo,


           seguidos  de  un  extraño  entumecimiento.  Pierde  el


           control             de         las        extremidades,                     se        descubre


           levantándose                      de           la          silla,           respondiendo


           involuntariamente  sus  músculos.  Élodie  se  yergue


           ante él con los brazos extendidos, como un titiritero.



           —¿Eso  te  dijo?  ¿Qué  no  sería  nada?  ¿Qué


           reconstruirían a tu padre pasase lo que pasara? —Las


           palabras de Isidore brotan entrecortadas—. Echa un


           vistazo.



           Isidore  le  abre  su  gevulot  para  presentarle  la


           comemoria  del  inframundo,  donde  el  chocolatero


           brega entre alaridos mientras muere una y otra vez en


           la habitación subterránea.





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