Page 91 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Esa  palabra  —dice  el  Caballero—  no  existe.  —Se


           cala el sombrero y se pone de pie—. Gracias por la


           ayuda.



           El tzaddik acaricia la mejilla de Isidore. El tacto del


           terciopelo resulta extrañamente amable y sutil.



           —Por cierto —concluye—, los zapatos de chocolate


           no iban a gustarle. Te los he cambiado por algo con


           trufas.




           Dicho lo cual, desaparece. Encima de la hierba hay


           una caja de bombones con un primoroso lacito rojo.









           Interludio



           El Rey



           EL Rey de Marte puede verlo todo, pero hay lugares


           que prefiere ignorar. Por lo general, el espaciopuerto


           es uno de ellos. Hoy, sin embargo, ha acudido a él en


           persona, para asesinar a un viejo amigo.



           El estilo de la sala de llegadas, un espacio inmenso y


           majestuoso cubierto por una alta cúpula, imita al del


           antigua  Corona.  Apenas  consigue  llenarla  la


           abigarrada  multitud,  compuesta  por  visitantes  de


           otros planetas que deambulan vacilantes a causa de la


           desacostumbrada  gravedad  marciana  mientras












                                                                                                              91
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