Page 94 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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—Vengo aquí a veces —contesta André—. Para
asomarme fuera de nuestra pecera. Es agradable ver
el aire y a los gigantes del otro lado, ¿sabes?
—Pero eso no explica tu presencia aquí hoy —dice el
Rey en voz baja. Su tono es tan delicado como el de
un padre—. No lo entiendo. Creía que habíamos
llegado a un acuerdo. Se acabaron los tratos con ellos.
Sin embargo, aquí estás. ¿De veras creías que no iba a
enterarme?
André exhala un suspiro.
—Se avecina un cambio —dice—. No podremos
sobrevivir mucho más tiempo. Los Fundadores han
sido débiles, pero eso cambiará. Van a devorarnos,
amigo mío. Ni siquiera tú podrás impedírselo.
—Siempre existe una salida —repone el Rey—. Pero
no para ti.
Por cortesía, el Rey le concede una muerte definitiva
rápida. El fogonazo de una pistola‐q zoku, una brisa
que barre la exomemoria y erradica hasta el último
vestigio de la persona a la que una vez llamó André,
su amigo. Absorbe todo lo de André que necesita. Los
transeúntes más próximos se sobresaltan ante el
inesperado golpe de calor para olvidarse
inmediatamente a continuación.
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