Page 93 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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persona, tiene algo de puro. Para el Rey, los recuerdos
y las acciones se han convertido prácticamente en lo
mismo con el devenir de los años, y el penetrante
sabor de la realidad resulta exultante.
La trampa mnemónica es sutil, disimulada en la
exomemoria reciente del avatar de carne del Reino
por cuyos ojos está mirando el Rey en esos momentos.
Es recursiva: el recuerdo de un recuerdo en sí mismo
que a punto está de engullir al Rey en un túnel de déjà
vu infinito, aspirándolo como el vértigo del faséolo.
Pero el juego de la memoria es el juego del Rey.
Vuelve a anclarse en el presente con un esfuerzo de
voluntad, aísla el recuerdo tóxico, lo rastrea hasta su
origen y levanta las capas de exomemoria una por
una hasta dejar al descubierto el carozo de realidad:
un tipo flaco y calvo, con las sienes hundidas y un
uniforme revolucionario que no es de su talla, en pie
a escasos metros de él, observándolo fijamente con
sus ojos oscuros.
—André —lo reprende el Rey—. ¿Pero qué haces?
El hombre adopta una expresión desafiante, y por un
momento el Rey experimenta un antiguo recuerdo
que brota del fondo de su ser, un recuerdo auténtico:
del infierno que atravesaron juntos. Qué lástima.
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