Page 95 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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El Rey se gira, dispuesto a marcharse. Es entonces
cuando repara en la pareja: él, vestido con un traje
oscuro y gafas tintadas de azul; ella, encorvada como
una arpía por la gravedad. Por primera vez en el
espaciopuerto, los labios del Rey dibujan una sonrisa.
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El ladrón y el mendigo
LA Ciudad Errante de la Oubliette, una mañana
radiante en la Avenida Persistente, cazando
recuerdos.
Aquí las calles cambian y fluctúan a medida que se
añaden o sustraen plataformas ambulantes al
discurrir de la metrópolis, pero la amplia Avenida
regresa siempre, pase lo que pase. Está ribeteada de
cerezos, con calles y callejuelas que se adentran en el
Laberinto, donde residen los secretos.
Establecimientos que se encuentran sólo una vez, en
los que pueden adquirirse juguetes de la Corona,
antiguos robots de hojalata de la vieja Tierra o joyas
de difuntos zokus caídas del cielo. Puertas que
únicamente se manifiestan ante quienes pronuncien
la palabra adecuada, hayan comido el plato correcto
el día anterior o estén enamorados.
—Gracias —dice Mieli— por traerme al infierno.
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