Page 599 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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puertas en el muro de piedra, que se abrieron


               para ellos. El hombre era Colin, el hijo de lord


               Finkle‐McGraw, la mujer su esposa, y habían


               cabalgado al brezal para vigilar a su hija y a sus


               dos  pequeñas  amigas.  Viendo  que  su


               supervisión  ya  no  era  necesaria,  lord  Finkle‐


               McGraw y la señora Hackworth se apartaron de


               la  ventana  y  se  acercaron  instintivamente  al


               fuego que ardía en la chimenea de piedra del


               tamaño de un garaje.





                 La  señora  Hackworth  se  sentó  en  una


              pequeña mecedora, y el Lord Accionista eligió


              un  viejo  e  incongruentemente  gastado  sillón.


              Un  mayordomo  les  sirvió  más  té.  La  señora


              Hackworth se puso el plato y la taza en el regazo,


              resguardándolo con las manos, y se compuso.





                 —He  sentido  deseos  de  hacer  ciertas


              preguntas relativas al paradero y actividades de


              mi marido, que han sido un misterio para mí casi


              desde el momento de su partida —dijo—, y aun


              así  se  me  ha  hecho  creer,  por  comentarios


              generales y misteriosos que me hizo, que la na‐


              turaleza de esas actividades era secreta, y que si


              Su Gracia tiene conocimientos de ellas, y eso es,


              por  supuesto,  simplemente  una  suposición


                                                                                                     599
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