Page 349 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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inundó el cuerpo como un líquido frío y viscoso, y, de
pronto, me inspiró el deseo, nacido del pánico, de
marcharme corriendo, de esconderme en algún sitio, en
el armario, detrás del sofá, donde esperaría,
tembloroso, a que terminara el peligro, sin tener que
sufrir heridas serias.
—¡Qué horrible! Dmitry Alexeyevich...
Retrocedí y me metí en la cocina, mientras la
criatura que estaba oculta en la escalera repetía una y
otra vez su horrible grabación.
—Dmitry Alexeyevich, ¿está usted en casa? ¿Usted
también se ha quedado sin corriente? ¿Esto de ahora ha
sido un terremoto? ¡Qué horrible! Dmitry Alexeyevich...
Dmitry Alexeyevich... ¿Usted también se ha quedado
sin corriente? ¿Esto de ahora ha sido un terremoto?
¡Qué horrible! Dmitry Alexeyevich... Dmitry
Alexeyevich... ¿Usted también se ha quedado sin
corriente? ¿Esto de ahora ha sido un terremoto? ¡Qué
horrible! Dmitry Alexeyevich...
El tiempo se vuelve más lento... Llega a mis oídos,
desde fuera, un crujido leve, desagradable, como si
alguien hubiera tratado de raspar el revestimiento de
falso cuero con la uña. El sonido se vuelve más fuerte y
más enérgico.
—¡Qué horrible! Dmitrrr...
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