Page 352 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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apuntara desde el otro lado con una linterna
descomunal.
Me siento en el suelo, con el cuerpo cubierto del
yeso que se ha desprendido del techo pero, por
prevención, aún sostengo sobre la cabeza uno de los
cojines del sofá. Veo en el suelo una mancha oscura que
me avergüenza. Parece que la escalera está en silencio.
Aún me quedan fuerzas para ducharme, asqueado
de mí mismo, y ponerme un pijama. Y, aunque me
esconda entre dos edredones para calentarme y
protegerme de las pesadillas, tiemblo sin cesar durante
toda la noche.
Me desperté porque alguien llamó al timbre de la
puerta durante largo rato y sin ninguna intención de
marcharse. Me imaginé quién sería: un monstruo como
ése habría atraído forzosamente a la policía. Fuera
había clareado y eso me tranquilizó. Me envolví en uno
de los edredones y anduve torpemente hasta la puerta,
pestañeando. El suelo y los muebles habían quedado
cubiertos por una gruesa capa de yeso, como si hubiera
nevado dentro del piso. Sentí un vértigo como el que se
tiene en lo más alto de una montaña rusa momentos
antes de precipitarse hacia abajo: los acontecimientos
del día anterior habían tenido lugar de verdad.
Al otro lado de la puerta, con los ojos puestos en la
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