Page 355 - Sumerki - Dmitry Glukhovsky
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un sueño. Hasta hace un momento, cuando me ha
despertado usted, había llegado a pensar que me lo
había imaginado todo. Había tomado Dimedrol —
añadí para dar más verosimilitud a la mentira.
Hasta ese momento, la corpulencia del policía me
había impedido ver la escalera. Pero entonces
retrocedió y me quedé sin aliento: sobre el trecho que
separaba mi puerta de la siguiente había una gigantesca
mancha de color rojo oscuro y una marca de tiza que
delimitaba su perfil.
Nabatchikov señaló la mancha con la cabeza y se
sacudió la ceniza que le había caído sobre la chaqueta.
—Su vecina... Con el cuerpo totalmente
destrozado... Le han abierto el pecho por la mitad. Lo
más extraño es que le han arrancado el corazón. ¿No
habrá sido usted? —Con la sombra de una sonrisa
añadió—: Se lo digo en broma, por supuesto.
—Dios mío... —Me froté los ojos y entonces me di
cuenta de que también a mí me había quedado la cara
cubierta de yeso. Noté que tenía un arañazo en el
cuello.
Se abrió la puerta del piso de la vecina y salió otro
policía, un hombre alto y flaco, de cabellos oscuros y
nuez prominente. A primera vista parecía todo lo
contrario de Nabatchikov, y, sin embargo, era el mismo
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