Page 100 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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—Se lo repito, Villiers, sin duda no debe usted


                                                      entrar en una casa como esa.



            Nunca saldría vivo de allí.


              —Sí, Austin, saldré vivo… y Clarke conmigo.


              —¿Qué quiere dar a entender? Usted no puede,


              no se atreverá…


              —Espere  un  momento.  Esta  mañana  el  aire  era


            fresco y agradable; soplaba la brisa, incluso en esta



            calle tan aburrida, y decidí dar un paseo. Piccadilly


            ofrecía  ante  mí  una  perspectiva  despejada  y


            resplandeciente y el sol iluminaba los carruajes y


            las temblorosas hojas del parque. Era una mañana


            alegre: los hombres y las mujeres miraban al cielo


            y  sonreían  al  ir  a  su  trabajo  o  a  divertirse,  y  el


            viento soplaba alegremente sobre las praderas y la


            fragante aulaga. Pero, por alguna razón, me aparté


            del bullicio y la alegría y me encontré caminando



            despacio por una calle tranquila y aburrida, donde


            no  parecía  brillar  el  sol  ni  soplar  el  viento,  y  en


            donde  los  escasos  transeúntes  se  rezagaban  y


            vagaban indecisos por esquinas y soportales. Seguí


            caminando,  sin  saber  apenas  adonde  iba  o  qué


            hacía  allí,  pero  sintiéndome  impelido,  como  a


            veces sucede, a continuar explorando más a fondo,



            con  la  vaga  idea  de  alcanzar  alguna  meta


            desconocida. Así pues, recorrí la calle, observando


            el  trajín  de  la  lechería  y  maravillándome  de  la

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