Page 98 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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proporciona a sus invitados más escogidos. El
hombre que lo escribió escapó con vida, pero no
creo que viva muchos años. Los médicos le dijeron
que debió de haber sufrido un intenso shock
nervioso.
Austin cogió el manuscrito, pero no lo llegó a leer.
Al abrir sus páginas al azar, su mirada recayó en
una palabra y en la frase que la seguía; y con el
corazón acongojado, blancos los labios y un sudor
frío corriéndole como agua por las sienes, tiró al
suelo el escrito.
—Lléveselo, Villiers; no vuelva a hablar de esto
con nadie. ¿Es usted de piedra acaso? ¡Vaya!, ni el
temor y el horror a la misma muerte, ni los
pensamientos del reo que permanece en la negra
plataforma, bajo el penetrante aire de la mañana,
atado de pies y manos, la campana tañendo en sus
oídos y esperando de un momento a otro el
chasquido violento del cerrojo, son nada
comparado con esto. No lo leeré; nunca podría
volver a conciliar el sueño.
—Muy bien. Puedo imaginarme lo que usted ha
visto. Sí; es bastante horrible. Pero, después de
todo, se trata de una vieja historia, un misterio
antiguo representado en nuestros días en las
oscuras calles de Londres y no en medio de
viñedos y olivares. Sabemos lo que les sucedía a
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