Page 210 - El Gran Dios Pan y otros relatos - Arthur Machen
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una palabra de galés; por esta zona está
desapareciendo gradualmente.
—¿De veras? Lo que dice me interesa
sobremanera, señor Meyrick. Le confieso que la
palabra no me sonaba a galés. Pero pensé que
podría ser alguna corrupción local.
—No, nunca oí tal palabra, ni ninguna otra que se
le parezca. Realmente — añadió el clérigo,
sonriendo caprichosamente—, si pertenece a
alguna lengua yo diría que debe de ser a la de las
hadas, las Tylwydd Têg, como las llamamos aquí.
La conversación pasó al descubrimiento en la
vecindad de una villa romana; y poco después
abandoné la habitación y me senté aparte,
extrañándome de la coincidencia de tan esquivos
indicios de evidencia. Cuando el profesor me
habló de esa rara palabra había sorprendido un
destello en sus ojos; y, aunque la pronunciación
que le dio fue en extremo grotesca, reconocí el
nombre de la piedra de sesenta caracteres
mencionada por Solino, el sello negro encerrado en
un cajón secreto del estudio, en el que una raza ya
desaparecida estampó para siempre unos signos
que nadie puede descifrar, signos que, por lo que
yo sé, podrían ocultar atrocidades de tiempos
remotos, ya olvidadas antes de que las colinas
cobrasen forma.
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